sábado, 18 de octubre de 2008

I El cronista cultural: Crónica teatral de “Improvisación Mosquito”

Preparativos
Decidida me propuse que de este fin de semana no se me escaparía poder hacer algo “cultural”, que me de pie a cumplir con una crónica, pero que sobre todo sea realizar una actividad diferente, que la pueda disfrutar
Sábado al anochecer compré el diario y la revista “Ñ” para ver las propuestas para esa noche. Mi búsqueda se baso en obras teatrales -ya que hace mucho que no iba a una-, siempre tratando de respetar las exigencias tales como que sea “off corrientes”, es decir, que no sea algo tan comercial. Descartada la última opción y teniendo en cuenta que al fin había conseguido un acompañante –lo que me hizo sentir más responsable del éxito de la obra- decidimos ir a “¿Cuál es su gracia?”, en el Paseo la Plaza. La función comenzaría a media noche así que tendría tiempo suficiente para prepararme y no salir a las corridas como siempre.
Se sumó un amigo de mi acompañante, les resultaba atractiva la propuesta de ir a ver un stand-up de humor.

Intento fallido
Llegamos a Paseo la Plaza, -lugar que siempre me gustó, rodeado de árboles, piso de adoquín, como un “pulmón” que no parece pertenecer a la calle corrientes y, valga la redundancia, un “paseo” que va más allá de ir a ver una obra o no-, las boleterías estaban cerradas por lo tanto las entradas se vendían en la puerta de cada sala. Me asombraron las largas colas para cada función a esas horas de la noche, en ese momento había tres funciones por comenzar.
Nuestra sala estaba en la terraza, ahí descubrí que el paseo de la plaza era más grande de lo que creía y hasta medio laberíntico. Ya en la cola, faltando 15 minutos para la hora de la función, la chica de una familia que se ubico atrás nuestro me pregunta “esta es la cola para ‘¿Cuál es la gracia?’ “, siendo mi respuesta afirmativa me contesto “gracia, digo graciaS”, lo cual fue motivo de mutuas sonrisas.
Tratando de despertar todos mis sentidos, estar atenta a todo lo que me rodeaba, intentaba de escuchar un parejita muy melosa adelante nuestro, pensé que podría resultar interesante lo qué estaban hablando, aunque inútil mi esfuerzo, sus susurros no lograron hacerse entender para terceros.
Las personas de la fila eran todas por arriba de los 20 años, varios grupos de amigos, parejitas, y algunas familias, todos bien vestidos para la ocasión.
Además de los perfumes de las personas, se sentía un claro olor a fritura y música que emanaba el restaurante de abajo, del cual teníamos vista privilegiada- desde arriba parecía una “pecera gigante”-. Un grupo de amigos observaban atentamente esa pecera gigante - parecían estar haciendo lo mismo que yo pero de manera más inconsciente-, se reían de los “cantantes” del restaurante. Mi curiosidad me hizo observar lo mismo, y al ver los movimientos y pasitos de baile de unos de los integrantes tampoco pude evitar reírme.
Arriba de nuestras cabezas había una estructura con enredaderas, al percibir un movimiento allí, en un principio pensé que podría ser una hoja, pero al mirar detenidamente alcance a distinguir, para mi horror, a una rata blanca que paso “volando” hacía la otra punta. Mi comentario se hizo escuchar en la familia de atrás, y no lograron dejar de mirar por arriba de sus cabezas por un largo tiempo.
Cuando nos percatamos que habían muchos con entrada en mano procuramos preguntar, por si acaso, si quedaban. Ante una respuesta negativa la frustración y bronca se apoderó de mi –no era la primera vez en el año que me ocurría algo así, pero esta vez me rehusaba a volver con las manos vacías-.
Cabizbajos volvimos a la avenida Corrientes, atentos a la entrega de cualquier volante –por primera vez estaba agradecida de ellos, no los veía como basura-. Recibimos dos para funciones distintas en el mismo teatro “El Vitral” en la calle Rodríguez Peña –a dos cuadra de donde estábamos- ambas para la 1 de la mañana. Agotadas las entradas de una función la elección se nos hizo más fácil.

¡Ahora sí! (“Improvisación Mosquito”)
El título de la obra no me inspiro confianza, no por el de “improvisación” –eso era lo que me atraía- sino por la parte de “mosquito”.
Me gustó que fuera “off Corrientes”, el teatro era pequeño, parecía tener una o dos salas; en la entrada había un pequeño barcito; las paredes eran rosas y en ellas se encontraban carteleras viejas en blanco y negro (del lado izquierdo) y actuales (del lado derecho).
La función comenzaría media hora más tarde de lo previsto, así que ahora con entrada en mano fuimos al restaurante de la esquina a pasar el tiempo. Mis acompañantes pidieron una cerveza. Conversaciones facultativas, de los ricos maníes y las grasosas papas fritas nos acompañaban en la espera. Mientras, varios personajes pasaron por afuera, cuando Drácula se percató de que lo estábamos observando primero nos saludo, pero luego se aseguró de cumplir con su personaje cuando mediante un gesto nos amenazó de muerte.
Faltando cinco minutos para la hora de entrada volvimos al teatro, sorpresivamente había una cola bastante larga, lo que genero que mi prejuicio desapareciera. La cola avanzó rápido y pronto nos vimos en la puerta de la sala, donde nos recibía el mismo personaje de la foto del volante, que no hacía nada para ocultar su voz de “macho”, aunque su aspecto decía lo contrario, y ya en la función no tardo en confirmar su homosexualidad- era una especie de transformista pero que no llegaba a ser un travesti- la cara bastante operada y muy pintada, pelo rojo y traje negro tipo “espacial”. Muy excéntrico ya lo era, pero me preguntaba si estaba aún más exagerado por el show. Volví a preguntarme ¿dónde me estoy metiendo?
Esperando que comience, la música era demasiado fuerte como para poder escuchar posibles conversaciones interesantes, entonces me limite a observar. El público era en su gran mayoría jóvenes, muchos grupos de amigos y algunas parejitas, todos vestían mucho más casual. La edad de todos nosotros se reflejaba también en el ánimo y el espíritu, cuando empezó una canción y todos divertidos comenzaron a acompañar con las palmas.
Además de un folletito del show nos entregaron un papel en el que había que poner un “título original”, como no conseguimos lapicera que funcione no pudimos escribir nada -escuchábamos similares quejas atrás nuestro-.
Ya desde la presentación se sentía alegría, muchas risas y gran interacción con el público. “Mosquito”, el personaje excéntrico, preguntó de dónde éramos, muchos respondían de barrios de capital o provincia, pero también había extranjeros mexicanos, norteamericanos y brasileros. Asimismo averiguó quienes habían venido por primera vez, y sólo la mitad de la sala levantó la mano ¿Cómo era posible? Sin duda los que volvieron a ir es porque les gustó, ¿pero tanto como para volver a ver lo mismo, o había algo más?
Mi pregunta se contestó al entender que era un espectáculo de improvisación y nunca se repetiría lo mismo, aunque mantendrían la misma estructura e idea. Estas ideas se centraban en la participación constante del público, Mosquito era el que interactuaba y presentaba cada improvisación de los actores, ellos con similar traje al de él, se agrupaban en dos grupos “Los azules” y “Los rojos”. Ambos grupos actuaban en cada pequeña obrita, y esa obra representaba algún título que dio el público en los papelitos. Nosotros (el público) teníamos la tarea de votar qué grupo nos gusto más, y elegir el estilo (aparecían en el folleto las opciones) en el que se deberían basar. Por ejemplo, una de las primeras representaciones fue con el título “mi mamá se está comiendo a un pendejo” y el estilo elegido fue “bizarro”, resultando la representaron literal, la madre metía al horno a un pendejo. Se actuaron estilos como doblaje, comedia musical, rima, gauchesco, cámara lenta y hasta “popurrí” (mezcla de varios). Al final logre cumplir con mi objetivo para este fin de semana. Después de mi vacilación ante lo desconocido, el espectáculo terminó superando mis expectativas. Encontré un género teatral muy original, no sabía la existencia de algo así. Muy divertido, las risas se contagiaban.

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